ciclo menstrual,  diabefem

Ciclo menstrual

En la vida existen muchos procesos que tienen su correspondiente inicio, desarrollo y conclusión. Podemos decir que la vida está llena de ciclos.
 
La diabetes tipo 1 es una condición que pide una cierta regularidad en hábitos de alimentación, ejercicio físico y tratamiento, pero hemos de comprender que una patología o una condición concreta afecta e influye de forma muy específica a cada persona. 
Es importante recordar y comprender que la característica principal de la diabetes tipo 1 es la destrucción de las células beta, localizadas en los islotes de Langerhans, de nuestro páncreas. Eso provoca una ausencia de producción de insulina, nuestra querida hormona polipéptida que facilita el metabolismo de la glucosa en el cuerpo humano favoreciendo procesos de síntesis con gasto de energía (como la glucólisis).
 
Hemos de tener en cuenta que, a priori, el cuerpo humano es una máquina cuasiperfecta, por tanto si existe cualquier alteración… esto podrá influir en otros procesos. Al tener la responsabilidad de gestionar nuestra condición, nuestro tratamiento no va a ser todo lo ajustado que nos gustaría y, es lógico que, pese a llevar una alimentación saludable y comer dos días el mismo alimento, nuestro cuerpo va a reaccionar de forma diferente.
 
Ya sabéis de qué os hablamos, ¿verdad? Momentos en los que no entendemos por qué el mismo yogur natural, usando la misma ratio, “nos provoca” un pico inesperado un día sí y al otro no. Esta semana compartiremos un post de Patricia en el que hace referencia a diferentes alimentos que podrían favorecer tu rendimiento en cada fase del ciclo menstrual. 
 
Si tenemos que centrarnos en un factor que influye en gran medida en las mujeres y, en consecuencia, hace más difícil de gestionar la diabetes, este ha de ser el ciclo menstrual . 
 
¿Por qué? – te preguntarás -. Porque durante el ciclo menstrual (Guyton et al, 2006) se integran múltiples procesos entre el eje hipotálamo-hipofisario y los ovarios.  

 

 

 

 

Existe una región del encéfalo llamada hipotálamo, ocupa aproximadamente el tamaño de un guisante, que se encarga de controlar el sistema nervioso autónomo y el sistema endocrino, entre otras tareas regula la secreción de hormonas de la hipófisis.
La hipófisis es una glándula endocrina que se encarga de regular la sensación de hambre y la sensación de saciedad, el ciclo del sueño, participa en el control de la respuesta fisiológica de las emociones junto con el sistema límbico, mantiene tu temperatura corporal, etc. Muchas de estas funciones las realiza en un trabajo colaborativo con otras áreas cerebrales. Es impresionante, ¿verdad? 
Si realizamos una analogía entre nuestro cuerpo y un aeropuerto, el tándem hipotálamo-hipófisis sería básicamente lo más parecido a una torre de control que envía mensajeros (hormonas) para que se controlen diferentes funciones en el cuerpo. ¿Habías pensado en lo importante que es?
 
Entre otras tareas maravillosas, lo que nos atañe ahora mismo, son aquellas hormonas que intervienen en ese complejo proceso de regulación del ciclo menstrual, donde se incluyen gonadotropinas hipofisarias (folículo estimulante, FSH, y la hormona luteinizante, LH) y la hormona hipotalámica liberadora de gonadotropina (GnRH) y esteroides sexuales (estrógenos y progesterona). 
Los ovarios también ofrecen una retroalimentación,  ante el aumento de estrógenos, que estimulan la secreción de LH, libera estradiol que se encargará de controlar la amplitud de los pulsos de las gonadotropinas. Los estrógenos reducirán la amplitud de los pulsos de LH y la progesterona disminuirá su frecuencia. 
Retrocedamos, la hipófisis recibe por parte del hipotálamo unas neurohormonas llamadas GnRH, que darán la orden a la adenohipófisis para que libere gonadotropinas, como la LH y FSH. 
 
Volvamos de nuevo un poquito hacia atrás, vayamos más despacio.
El hipotálamo libera GnRH de forma pulsatil (Marques et al., 2018) hacia la hipófisis, una neurohormona que estimula la liberación de gonadotropinas por parte de la adenohipófisis.
La estructura de esta neurohormona fue descubierta por Roger Guillemin y Andrew Schally en 1977, tardaron doce años en aislar y caracterizar todas las hormonas hipotalámicas e hipofisarias.
Obviamente, ganaron el nobel por el descubrimiento de la estructura de esta hormona. Bien merecido.
 
En la adenohipófisis, existe un tipo de células gonadótropas, muy redonditas, que secretan gonadotropinas (Brown, 1994) como la FSH (hormona folículo estimulante), que participará en el proceso de selección de un nuevo folículo ovárico, y la LH (hormona luteinizante), que influirá en las últimas fases de la maduración folicular, la ovulación y el desarrollo del cuerpo lúteo.
 
Dependiendo de la frecuencia de liberación de la GnRH (Jayes et al., 1997), nos encontraremos con una u otra, por tanto con poca frecuencia, y niveles bajos de estrógenos y progesterona como ocurre al degenerar el cuerpo lúteo, se liberará FSH que promoverá el crecimiento de un nuevo folículo durante el próximo ciclo. Los niveles moderados de progesterona, y una frecuencia de liberación de GnRH mayor, actuarán sobre la hipófisis favoreciendo la respuesta a LH. 
 
Se encuentran diferencias en la liberación de esta hormona dependiendo de si eres hombre o mujer. En las mujeres la frecuencia de liberación de esta hormona varía dependiendo de la fase del ciclo menstrual en que nos encontremos, esta hormona controla el complejo proceso de crecimiento folicular, ovulación (se incrementa en gran medida justo antes de la ovulación) y el mantenimiento del cuerpo lúteo.
 
En los hombres, en el eje hipotálamo-hipofisario-gonadal, la GnRH controla el proceso de espermatogénesis, la liberación de esta hormona se produce de forma bastante armónica y constante. Estas hormonas harán que los testículos produzcan mayor cantidad de testosterona y nuestro caso, como mujeres, dichas hormonas harán que produzcamos, en mayor medida, estrógeno y progesterona. 
 
Leyendo el manual de endocrinología, coordinado por el Dr. Jara Albarrán, catedrático de medicina en la UCM y jefe de servicio de Endocrinología del hospital Gregorio Marañon, nos encontramos un capítulo interesante acerca de la fisiología del ciclo menstrual, redactado por la Dra. Sánchez García-Cervigón y el Dr. Sambo Salas, donde se menciona que existe un consenso al denominar el primer día del ciclo menstrual, dicho ciclo comienza el primer día de la menstruación. 
 
Su duración suele ser de unos 28 días aproximadamente de promedio, y existe una desviación estándar de siete días y medio.  de unos 14 días aproximadamente la fase folicular y otros 14 la fase lútea. Esto es una aproximación, existen mujeres en las que el ciclo menstrual dura menos y por lo tanto es más frecuente y mujeres en las que este ciclo dura más.  La fase folicular suele variar en cada mujer, de ciclo a ciclo, mientras que la fase lútea suele permanecer más constante.  
Las imágenes que hemos intentado diseñar desde diabefem, y que hemos compartido en nuestro perfil de instagram, muestran un ciclo de una duración aproximada de 28 días, con una menstruación que dura unos 5 días aprox. Esperamos que no exista confusión en este aspecto. 
 
Según Joffe y Hayes (2008), pueden existir factores que alteren dicha saludable regularidad, como el estrés, intervenciones quirúrgicas, ciertos tipos de terapias radiológicas y farmacológicas, entre otros. Así como el estrés puede alterar los sistemas inmunológico y reproductivo.
 
Por ejemplo, en el caso del Síndrome de Ovario Poliquístico, existe una actividad desordenada de estas gonadotropinas (LH y FSH). Por lo que según Escobar (2010) el ciclo menstrual es un indicador bastante sensible de la salud femenina.
 
El ciclo menstrual, como ya hemos comentado antes, comprende varios procesos, por una parte un óvulo madura y se libera cada mes para que pueda crecer un embrión cada vez, y por otra parte es necesario que el endometrio (Pocock y Richards, 2005) se vaya preparando para poder recibir en el momento adecuado a un blastocito.

Estos cambios cíclicos permiten que se establezcan dos ciclos paralelos: el ciclo ovárico, que comprende la fase folicular, ovulación y fase lútea (Escobar et al. 2010) y el ciclo endometrial o uterino (Ross y Pawlina, 2007): este último ciclo comprende la proliferación del endometrio, cambios secretores y menstruación. 

 

CICLO OVÁRICO.

Si describimos el ciclo ovárico (Escobar et al., 2010), nos encontraremos sólo tres fases, la fase folicular, que comenzará con el inicio de la menstruación y el día en que la LH tiene su pico máximo, con la ovulación, y la fase lutea, que comenzará el día en que la LH tiene su pico máximo, desde la ovulación, y terminará al dar inicio la próxima menstruación.
Ilustración: Marta Pucci.

 

FASE FOLICULAR:

Suele durar de 10 a 14 días, desde el primer día de sangrado con la menstruación.
La FSH es la responsable de activar la síntesis de estrógenos, que segregará el folículo ovárico (Lopez-Mato et al, 2000).
Por fuera de las células granulosas se forma una capa de células fusiformes, la capa granulosa segrega un líquido folicular que, gracias a la secreción de estrógenos hacia el interior y la acción de la LH, seguirá creciendo rápidamente hasta crear un folículo vesicular.
Varios folículos inician su desarrollo en un ovario cada mes, pero sólo uno madurará (Mc Phee y Ganong, 2007) totalmente y liberará al ovocito en la ovulación, será el llamado folículo de Graaf. 
Algunas mujeres liberan más de un ovocito al exterior del ovario, esto ocurre de forma bastante excepcional. 

 

OVULACIÓN:

El folículo, del que hablábamos antes, ya maduro se rompe para liberar el ovocito que emprende su camino hacia las trompas. 
¿Por qué ocurre esto? Porque existe un aumento de estrógenos a nivel hipofisario que hace que exista un incremento de la LH, ese pico desencadena la ovulación. 
Tras ese incremento brusco, existe un descenso de la producción de estrógenos y aumenta la producción de progesterona que inicia la luteinización del folículo (López-Mato, 2010). 

 

FASE LÚTEA:

Unas horas después de que el folículo maduro haya expulsado el ovocito, comienza la fase lútea.
 El cuerpo lúteo secreta progesterona, que fomenta la fase secretora del endometrio, y en menor medida una cierta cantidad de estrógenos. 
Esta fase secretora en el endometrio consigue preparar el útero para la implantación del cuerpo lúteo, en caso de que nuestro ovocito sea fecundado seguirá secretando estrógenos y progesterona (Ross et al, 2007). 
Si esto no ocurre, el cuerpo lúteo degenera y existe una disminución de las concentraciones hormonales, estrógenos y progesterona, que desencadenan una nueva menstruación.  
Ilustración: Marta Pucci.

 

CICLO ENDOMETRIAL O UTERINO. 

Este ciclo ocurre de forma paralela al ciclo ovárico, el ciclo endometrial o uterino (Ross y Pawlina, 2007): este último comprende la proliferación del endometrio, cambios secretores y menstruación. Igual que hemos recogido y descrito el proceso desde que comienza a crecer el folículo hasta su secrección, vamos a intentar contar el proceso del mismo modo, iniciando y acabando en la menstruación:
Ilustración: Marta Pucci.

 

FASE PROLIFERATIVA:

Entre tres y siete días después de iniciar la fase proliferativa se produce una proliferación de células epiteliales en el endometrio gracias a la acción de los estrógenos, por tanto, su superficie va creciendo y aumentando su espesor hasta alcanzar los 3-4mm. 

 

OVULACIÓN:

Durante la ovulación, las glándulas endometriales segregan una sustancia viscosa y delgada que ayudará guiando a los espermatozoides a llegar a las trompas.

 

FASE SECRETORA: 

Tras la ovulación, existe un aumento importante de las concentraciones de progesterona y un aumento más moderado de estrógenos. El riego sanguíneo del endometrio aumenta, sigue creciendo y alcanza un espesor de 5-6mm. Todo esto servirá de ayuda para el desarrollo adecuado (Mc Phee y Ganong, 2007) de un posible embrión. 

 

PERIODO:

Si no se implanta el embrión, nos encontramos ante un descenso brusco de los niveles de estrógeno y progesterona, que fomentará que el endometrio reduzca en más de la mitad su espesor, durante la menstruación el endometrio se va “descamando” y se va perdiendo sangre, aproximadamente 34ml de sangre y unos 35ml de líquido seroso (Guyton y Hall, 2006). 
 
Nadie te conoce mejor que tú, desde diabefem te recomendamos que comiences a observar cómo influye el ciclo menstrual en tu diabetes.
¿Sabes lo que es un bullet journal? 
 
Llevar un diario de tu ciclo puede ser una gran idea, anotar cómo te sientes y qué percibes cada día del ciclo, además de tus variaciones glucémicas y tus necesidades de insulina en cada fase. De este modo, junto con tu equipo médico, podréis sacar conclusiones acerca de cómo influye en ti cada fase del ciclo.
¿Qué síntomas tienes? ¿Cómo te sientes? ¿De qué forma te influye?
 
En este punto, obviamente, llevar monitorización de glucemia, tanto flash como continua, es un pro y sobre todo las flechas de tendencia te facilitarán bastante la interpretación que puedas hacer de ello. #MCGparatodos
 
La actividad física siempre es positiva, pero escucha a tu cuerpo. En momentos como la menstruación, por lo general, existe más agotamiento físico y el rendimiento no suele ser al 100%, permítete descansar y mimarte. 

 

Bibliografía y referencias:

Abbas, A. M. & Elsamanoudy, A. Z. (2011) Effects of 17beta-estradiol and antioxidant administration on oxidative stress and insulin resistance in ovariectomized rats. Can J Physiol Pharmacol 89, 497–504, https://doi.org/10.1139/Y11-053.
Ahumada Hemer, H. et al. (1985) Variations in serum lipids and lipoproteins throughout the menstrual cycle. Fertil Steril 44, 80–84.
Allen, A. M. et al. (2016) Determining menstrual phase in human biobehavioral research: A review with recommendations. Exp Clin Psychopharmacol 24, 1–11, https://doi.org/10.1037/pha0000057.
Barón, G. (2005) Fundamentos de la fisiología. Fisiología endocrina ginecológica. Ed. Contacto Gráfico.
Beierle,I.,Meibohm,B. & Derendorf, H.(1999) Gender differences in pharmacokinetics and pharmacodynamics. IntJClin Pharmacol, Ther 37, 529–547.
Brown RM (1994). An introduction to Neuroendocrinology. Cambridge, UK: Cambridge University Press.
Calloway, D. H. & Kurzer, M. S. (1982) Menstrual cycle and protein requirements of women. The Journal of nutrition 112, 356–366.
Campbell RE, Gaidamaka G, Han SK, Herbison AE (June 2009). “Dendro-dendritic bundling and shared synapses between gonadotropin-releasing hormone neurons”. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America.
De la Gandara M. (1997). Trastorno Disforico Premenstrual: Tratamiento a largo plazo con fluoxetina y discontinuación. Actas Luso-Españolas de Neurología, Psiquiatría y Ciencias Afines, 25.
Draper CF, Duisters K, Weger B, et al. Menstrual cycle rhythmicity: metabolic patterns in healthy women. Sci Rep. 2018;8: 14568.
Dye, L. & Blundell, J. E. (1997) Menstrual cycle and appetite control: implications for weight regulation. Hum Reprod 12, 1142–1151.
Ehlers K, Halvorson L (2013). “Gonadotropin-releasing Hormone (GnRH) and the GnRH Receptor (GnRHR)”. The Global Library of Women’s Medicine.
Escobar, M., Pipman, V., Arcari, A., Boulgourdjian, E., Keselman, A., Pascualini,
T., Alonso, G., y Blanco, M. (2010). Trastornos del ciclo menstrual en la adolescencia. Archivos Argentinos de Pediatría, 108 (4)
Filicori, M; Butler, J.P; Crowley, W.F. (1984) Neuroendocrine regulation of the corpus luteum in the human. Evidence for pulsatile progesterone secretion. J Clin Invest. 
Gorczyca, A. M. et al. (2016) Changes in macronutrient, micronutrient, and food group intakes throughout the menstrual cycle in healthy, premenopausal women. Eur J Nutr 55, 1181–1188, https://doi.org/10.1007/s00394-015-0931-0.
Guyton, A y Hall, J. (2006). Tratado de fisiología Médica. (11ª ed.). México: Interamericana, McGraw-Hill.
Joffe, H. y Hayes, F. (2008). Menstrual cycle disfunction associated with neurologic and psychiatric disorders. Their treatment in adolescents. Annals of the New York Academy of Sciences, 1135, 219-29.
Irani, M. & Merhi, Z. (2014) Role of vitamin D in ovarian physiology and its implication in reproduction: a systematic review. Fertil Steril 102, 460–468 e463, https://doi.org/10.1016/j.fertnstert.2014.04.046.
Jayes FC, Britt JH, Esbenshade KL (April 1997). “Role of gonadotropin-releasing hormone pulse frequency in differential regulation of gonadotropins in the gilt” (PDF). Biology of Reproduction. 56 
Kiesner, J.  (2011) One woman’s low is another woman’s high: Paradoxical effects of the menstrual cycle. Psychoneuroendocrinology 36, 68–76, https://doi.org/10.1016/j.psyneuen.2010.06.007.
Kiesner, J. y Pastore, M. (2010). Day-to-day co-variations of psychological and physical symptoms of the menstrual cycle: Insights to individual differences in steroid reactivity. Psychoneuroendocrinology, 35, 350-363.
Kim, C. H. (2015) A functional relay from progesterone to vitamin D in the immune system. DNA Cell Biol 34, 379–382, https://doi. org/10.1089/dna.2015.2857.
Logue, C. y Moos, R. (1986). Perimenstrual Symptoms: Prevalence and Risk Factors. Psychosomatic Medicine, 48 (6). American Psychosomatic Society.
López-Mato, A., Illa, G., Boullosa, O., Márquez, C. y Vieitez, A. (2000). Trastorno Disforico Premenstrual. Revista Chilena de Neuropsiquiatría, 38.
Marques, P.; Skorupskaite, K.; Rozario, S.; Anderson, A.; George, T. (2000). «Physiology of Gnrh and Gonadotropin Secretion» [Fisiología de la secreción de GnRH y Gonadotropina]. De Groot, L. J.; Chrousos, G.; Dungan, K., eds. Endotext
McNeil, J., Cameron, J. D., Finlayson, G., Blundell, J. E. & Doucet, E. (2013) Greater overall olfactory performance, explicit wanting for high fat foods and lipid intake during the mid-luteal phase of the menstrual cycle. Physiology & behavior 112-113, 84–89.
https://doi.org/10.1016/j.physbeh.2013.02.008.
McPhee, S. y Ganong, W. (2007). Fisiopatología Médica: una introducción a la medicina clínica. 5ta. Edición. México: El Manual Moderno.
Patrick, R. P. & Ames, B. N. (2014) Vitamin D hormone regulates serotonin synthesis. Part 1: relevance for autism. FASEB J 28, 2398–2413, https://doi.org/10.1096/fj.13-246546.
Pocock, G. y Richard, C. (2005). Fisiología Humana. La base de la medicina
(2da. Edición). España: Masson.
Prediger, M. E., Gamaro, G. D., Crema, L. M., Fontella, F. U. & Dalmaz, C.  (2004) Estradiol protects against oxidative stress induced by chronic variate stress. Neurochem Res 29, 1923–1930.
Quabbe, H. J. (1977) Chronobiology of growth hormone secretion. Chronobiologia 4, 217–246.
Reed, S. C., Levin, F. R. & Evans, S. M. 2008) Changes in mood, cognitive performance and appetite in the late luteal and follicular phases of the menstrual cycle in women with and without PMDD (premenstrual dysphoric disorder). Horm Behav 54, 185–193, https://doi.org/10.1016/j.yhbeh.2008.02.018 (.
Ross, M. y Pawlina, W. (2007). Histologia. 5ta. Edición. Bs. As.: Editorial Médica Panamericana.
Rutkowsky, J. M. et al. (2014) Acylcarnitines activate proinflammatory signaling pathways. American journal of physiology. Endocrinology and metabolism 306, E1378–1387, 
https://doi.org/10.1152/ajpendo.00656.2013.
Serviddio, G. et al. (2002) Modulation of endometrial redox balance during the menstrual cycle: relation with sex hormones. The Journal of clinical endocrinology and metabolism 87, 2843–2848, https://doi.org/10.1210/jcem.87.6.8543.
Shechter, A. & Boivin, D. B. (2010) Sleep, Hormones, and Circadian Rhythms throughout the Menstrual Cycle in Healthy Women and Women with Premenstrual Dysphoric Disorder. International journal of endocrinology 2010, 259345, https://doi.org/10.1155/2010/259345.
 

Comunidad en femenino donde te ayudamos e inspiramos para que consigas empoderarte con tu diabetes.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *